Nuestro mundo, el de olas y el viento

 

Está más que claro. Con un titulo asi, poco posicionamiento SEO se puede conseguir, como no sea en el apartado de los tratados de filosofia, y es decir mucho … así que mejor vamos al tema y que se vaya desenvolviendo por si mismo.

Parecía una noción inconcebible para alguien como McNamara, uno de los “Godfathers” de ondas grandes del surf. Residente de Hawaii, Garrett estaba en el lineup el día en que Laird Hamilton, el embajador más influyente del deporte del surfing, fue remolcado por primera vez en una ola. McNamara incluso tiene varios registros de olas grandes, incluyendo haber navegado un oleaje de 78 pies – el más grande jamás oficialmente medido – frente a la costa de Nazaré, Portugal.

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“Los surfistas de olas grandes tienen este feeling extra para confiar en sí mismos, y parte del show de Garrett McNamara es verle gritar mientras está bajando la ola, dice Curt Myers, un fotógrafo que a menudo sigue a McNamara. Pero en los últimos años, especialmente a medida que se acercaba el 2016, el rush de adrenalina que McNamara, entonces de 48 años, sintió cuando se enfrentó a la pared de la ola se había desvanecido.

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“Me he puesto en un plan demasiado cómodo”, dijo Garret. “Estaba desensibilizado cada vez que me metía en el agua. Comencé a montar grandes olas por el feeling que me ofrecía ello, pero ahora esa sensación es inexistente. No consigo imaginar por qué todavía he de bajar estas olas gigantes. ”

McNamara pensó en jubilarse. Con una larga lista de patrocinadores, podría proveer para su esposa, Nicole, y su hijo de 2 años, Barrel, sin ir a ninguna parte cerca del océano. Sin embargo, McNamara seguia excitado cada vez que oía de un inminente swell en cualquier parte del mundo.
“Mi mente empieza a decirme: Vamos allá”.

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Como todos los surfistas de olas grandes, McNamara consulta mapas meteorológicos varias veces al día. Cuando reconoció un conjunto ideal de condiciones en enero pasado en Mavericks, la meca de grandes olas al sur de San Francisco, Garrett sabía que tenía que estar allí.

Equipado con un traje de supervivencia hinchado para mantenerlo a flote si al caer quedara inconsciente y una tabla de surf Gun, que es más gruesa que una tabla estándar, McNamara remó lentamente en lo que él describió como una onda “normal” de 70 pies. Esa ola, el pasado 7 de enero alteraría la vida de McNamara y el futuro del surf.

A un tercio de la bajada de la cara de la ola, McNamara perdió el equilibrio y salió catapultado de su tabla, rebotando como una roca a lo largo de la pared de la ola. Al final, el labio de la ola rompió sobre él. “Fue una de las cataratas más terrorifica que he visto”, dijo Myers, que había remolcado McNamara al sitio.
McNamara atribuyó su caída a su postura excesivamente recta que llevaba sobre la trayectoria, lo que le impidió absorber el impulso de la ola. “Yo no temía estas enormes olas”, dijo.

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Tras el impacto, McNamara sufrió una fractura de cuatro partes del hueso del húmero de su brazo izquierdo. Como un huevo agrietado, la cabeza del húmero se rompió en nueve pedazos, y el eje quedó atascado en el músculo pectoral de McNamara, donde permaneció por 24 horas hasta que los doctores pudieron quitarlo durante la cirugía de emergencia.
Su hombro estaba estabilizado con una placa de metal y tornillos metalicos, y aunque la lesión fue la peor de su carrera, se le dijo a McNamara que si comenzaba a hacer rehabilitación inmediatamente, podría estar de vuelta en el agua en seis meses.

Varias complicaciones nublaron esta predicción color de rosa. Un hueso en la parte posterior de su húmero se elevó 2 centímetros fuera de posición, y la cabeza del húmero salió de su posicion natural. Esto hizo que el nervio principal del músculo deltoides, que mantiene el hombro en su lugar, quedara significativamente dañado. Una semana después de la cirugía inicial de McNamara a mediados de enero, su hombro volvió a romperse.

“Fue el dolor más severo que había sentido en mi vida”, dijo McNamara. “Me queria morir.”
El Dr. Ed Weldon, un cirujano ortopédico con sede en Honolulu realizó una segunda operación en McNamara, pero tras un analisis de la situación el doctor determinó que no podía reparar el nervio. “Pensamos que era mejor no intentar reparar el nervio y simplemente darle tiempo para ver si se recuperaria el mismo”, añadió.

Habia una posibilidad de que el hombro de McNamara “no funcionara bien de nuevo para cualquier tipo de actividades diarias”, incluyendo el surf, dijo Weldon. Después de un procedimiento de una hora, el brazo izquierdo de McNamara fue atado en un sistema de poleas. La máquina mantuvo su brazo en un estado constante de movimiento y ayudó a retardar el crecimiento del tejido cicatricial.

Pero el dolor era severo. “El dolor fue interminable durante los primeros tres meses”, dijo McNamara.
La prolongada recuperación también cambió su punto de vista sobre el surf.
“Por primera vez en mi vida, no tenía este mono de que necesitaba para coger olas”, dijo McNamara. “Estabamos teniendo el invierno más grande que hemos tenido en la historia del surf, y no me importaba”.

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Sin embargo, no se conformó con que su cuerpo se curara por su propio camino. McNamara trabajó de la misma manera en su recuperación con una ansiedad que para otros parecía maníaca. Incluso a media recuperación, durante un viaje a Malibu, California, en junio, McNamara montó unas cuantas olas pequeñas. “No tenía porque hacerlo, como sea, pero ello me hizo sentir mejor”.

Después de ese impulso de confianza, redobló sus esfuerzos de rehabilitación en agosto, reuniéndose diariamente con Daniel Bachmann, un entrenador cuya especialidad es la movilidad del hombro y la mecánica. Para diciembre, el rango de movimiento de su hombro izquierdo era de apenas el 80 por ciento.

Garrett durante su recuperación reflexiona sobre el surf después del wipeout mas salvaje de toda su vida
Cada surfista de olas grandes tiene al menos una historia épica que contar. Caes en una ola y en esa lavadora gigante, el aire se te acaba en algún momento, luego sales de la ola, se recupera tu confianza sin olvidar por lo que acabas de pasar pero sabes que tienes que volver a bajar olas. Si esperas demasiado, el miedo dentro de ti se acumula “.

Es por eso que McNamara rápidamente aceptó una invitación para el evento inaugural de la World Surf League en Big Wave Tour en Nazaré, que comenzó en octubre. El lugar, en una aldea en el centro de Portugal, McNamara conoce muy bien la ola, la ha bajado muchas veces y durante mucho tiempo Garrett ha sido reverenciado en el país. Jamie Mitchell de Australia ganó los máximos honores en Nazaré cuando el concurso terminó a finales de diciembre. McNamara no estaba en forma, ni lo bastante seguro, para competir. Más bien, ayudó a organizar el evento.

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“Todavía no me siento cómodo montando algo más grande que 20 pies”, dijo McNamara. “Salí recientemente en uno grande y tenía miedo. Seguí pensando si me volvería a lastimar de nuevo. El surf ha definido en gran medida la vida de McNamara, y los que le rodean estaban preocupados de que sería de sí mismo sin esa pasión.

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En palabras de su esposa, Nicole: “Me preocupaba su salud mental si no volvía a surfear”. “Siempre me ha dicho que trabajará la madera, como carpintero cuando ya no pueda practicar surf, pero nunca ha hecho nada para mí en madera”.

McNamara espera volver a Mavericks en el aniversario de su accidente. Incluso después del accidente, sigue investigando los mapas meteorológicos a diario, por lo que el miércoles, tres días antes del aniversario del accidente, sabrá si arriesgar su salud para unirse a los otros riders de olas grandes en el agua.

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Para McNamara, estar en el lugar donde su vida cambió para siempre es importante para su recuperación.
“Podría salir y si me gusta una ola, bajarla pero si no lo hago todavía, no pasa nada, aun así vale la pena”
De alguna forma, tambien siento que la ola que me derribó y cambió mi vida este último año fue quiza lo mejor que me pasó. Me obligó a ver la vida desde otra perspectiva

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La pregunta que me hago, dice Garret es ¿Por qué todavía estoy haciendo esto? ¿No he tenido aun suficiente? Lo que fue un reto, buscar esa emoción que sentí cuando empecé a bajar olas, sigue siendolo? Hay un por qué en todo esto? Cuando hay que echar el ancla?.

Y dice nuestro hombre, Garrett: “Ahora sé que he de valorar más aún cuando solía bajar cada ola, pero interiormente no llegaba a realmente valorarlo. Ahora sé me gustaría averiguar si tengo todavia el rush de coger olas grandes después de este wipeout. Espero que seré aun capaz. El tiempo lo dirá. Realmente ello sería genial! …

 
 

El retroceso de cualquier arma

No hace falta haber disparado uno con una pistola para imaginarse eso, si, el retroceso. Algo parecido sucede en nuestro cerebro cuando en lugar de dedicarnos a lo que se dedica todo el mundo, hemos roto esa cadencia y la hemos cambiado por otra, algo tan radical que incluye nuestra misma forma de vivir, de ver las cosas, de modo que, de alguna forma, ello es tan radicalmente distinto de lo otro que … tiene su propio retroceso.

Este reportaje, en inglés, por supuesto, cayó en mis manos hace unos dias, y, como fué que, en un momento, sin saber ni como ni por qué, me vi a mi mismo, salvando las diferencias. Nada más lejos de mi intencion de compararme con el amigo Garret ni a nivel logros deportivos ni a ningun otro nivel, él es él, y yo soy yo …

Él un surfer de olas grandes, yo, de todo, surfero, windsurfero y kitesurfero al final. Él famoso, a mi no me conocen ni los gatos -pero eso es lo de menos-. Él tiene una familia, yo, ni un perrito que me ladre. Él, un waterman, yo tambien, aunque no por el hecho de vivir en otro lugar que no sea Hawaii uno no merezca ese apelativo. El que hace pan?: Panadero, …

Él 48, yo 62. Él, ha sufrido un accidente que le ha abierto los ojos, yo, no he sufrido nada … pero no ha hecho falta, el feeling, extrañamente, aún incluso antes de haber leido lo suyo, me llega a mi casi de la misma manera y con la misma fuerza.

Y … debo seguir con esto? Ahi algo más allá del kitesurf? … despues de 42 años de ser yo mismo un waterman, sin fama, sin reconocimiento, pero con mi reconocimiento, con mis muchas muchas horas en el agua, y no precisamente como me conoceis ahora, gritando: sube la barra!, no, navegando, en cualquier viento, en cualquier pais, cualquier mes, cualquier dia, de cualquier año … de los ultimos 42 años. Sin hijos, sin mujer, sin hipoteca que pagar ni haber ya pagado, sin ni trabajo fijo.

Arrastrado por mi hobby, por la libertad que vivir asi, como he vivido todos esos años, sin oficio ni beneficio, como diría mi padre, pero sin traicionarme también, haciendo lo que me decía el alma que debía de hacer, con la conciencia tranquila y el bolsillo, en contraposición mucho menos tranquilo, claro está, pero con la certitud que te reporta el paso de los años y ver que aún estas ahí y aún haciendo lo mismo, lo tuyo.

Como hubiera sido de otra manera? Que hubiera sido de mi, de mi vida, si, cobardemente hubiera ignorado la llamada interior y hubiera hecho lo que todos, currar, currar en algo que ni te gusta, tener poquito tiempo para lo que si te gusta y haber agachado la cabeza cada vez que las circunstancias te mandaban una señal … por ahí no, por ahí no vas a ninguna parte … por ahí no vas a hacer dinero, por ahí parece que te vas a quedar solo, solito … pero por otro lado, disfrutando la libertad, la soledad, la grandeza del mar, de la playa que, es lo que de alguna manera cuenta al fin y al cabo, aunque a algunos – o a muchos – eso les pueda parecer poco … pero claro, eso sólo lo sé yo, que soy quien lo ha vivido, que soy quien ha estado a mi lado junto con mi sombra, los días que hacía sol, todo ese tiempo.

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Con las cien, doscientas, quinientas y más historias de toda una vida en el agua, los ultimos siete años, pasados melifluamente, lo reconozco, vamos, hablando en plata: una mariconada, para ser sincero. Pero con todo, cuando se viven los ultimos tres meses, los de aqui en Vung Tau, como los he vivido yo, navegando casi cada dia, con cometas radicales, con mucho más viento de lo que estoy acostumbrado en Mallorca … la cosa cambia, y la pregunta aparece … si, la de antes … la que te hace cuestionarte lo que haces, cuando estoy montando la cometa en la arena: Y realmente es esto lo que quiero? quiero el riesgo? quiero la adrenalina? … y de otro lado, y que más hay? … y … si no navego hoy? Me voy a sentir mejor luego? Me voy a sentir peor? Me traiciono a mi mismo si no navego? … y si por creer que me traiciono a mi mismo si no navego me voy a romper la crisma ahí afuera?
Pero… hay ahí detrás, en tierra, algo que todavia me interese?
Que dilema? Me habrá llegado la hora? El sindrome Garrett me habrá alcanzado también? …

No se … mañana os lo digo, porque … ahora … creo que voy p’al agua …

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Sobre lo inevitable en nuestro tránsito por la vida